sábado, 28 de marzo de 2015

La Hora del “Planeta” de las Transnacionales.

“Apaguemos las luces, tornemos oscuras y silenciosas las calles.

¡Ah!, pero solo una hora, mientras dure, limpiemos nuestra conciencia para dormir mejor”
Así funciona el sobrehumano esfuerzo de jalar una palanca para amilanar nuestra agitada moral, sopesar la angustia por el prójimo y relajar los nervios pues ya hemos hecho “suficiente”. ¿Por qué o por quién? POR EL PLANETA. ¡Qué alivio haber borrado mis pecados!

No, no, no. Así no funciona, funciona así:

La hora del planeta.
Es una actividad hipócrita creada por World Wildlife Fund-WWF, fundación “independiente” que recibe fondos del Banco mundial (accionista de la mayoría de empresas contaminantes en el mundo), USAID (Organismo fachada de intervención política de EEUU) y diversas empresas transnacionales responsables de la mayor cantidad de contaminación en nuestro planeta.
Sirve para limpiar la conciencia de los moralmente superiores y supersensibles: “perritos de la calle a mí”, de los “le caigo bien a todo el mundo” e “inclusivos pero alternativos” que sin embargo son inmutables con la explotación infantil, el asesinato de campesinos, el alza del costo de vida, la precarización del seguro social, etc. bajo el paradigma del “desarrollo moderno” pintándose de ecologistas por una hora, apagando luces, desconectando artefactos, siendo bacanes y conscientes de salvar el planeta con su mastodóntica hipocresía de una hora.

Todo para cuajar el nuevo mercantilismo económico dentro de los márgenes del capitalismo, un nuevo reformismo ideológico para seguir teniendo "rostro humano".

“Lo último en aerosoles no contaminantes” – ¡Debes comprarlos!, cuestan más ¡pero si compras la versión convencional es un pecado!, ¿No puedes costearlo? Piña pe misio.

“Nuevos televisores ahorradores de energía” – En cómodas cuotas, ¡endéudate, endéudate!

“Carnes, vinos, aceites, cremas, mascarillas, etc, etc, todo muy ecológico”
“No botar papelitos a la calle es suficiente para evitar la contaminación” - ¿Y las emisiones de las fábricas que operan con tecnología contaminante?, ¿Y las empresas depredadoras de nuestros recursos naturales?, ah no, de eso no se habla pues, no está de moda, además, eso solo hablan los “terrucos”.

“Ser vegetariano es la única consigna para salvar al mundo”… - Es bueno, pero, ¿es suficiente?

Todo ese nuevo “boom” de productos ecológicos, a unos módicos precios: Tres o cuatro veces el precio del producto convencional (el contaminante pues), y ni que decir de los exorbitantes precios en un restaurante vegetariano, seguramente el grueso de la población peruana que no son pobres (según el INEI) y viven con algo más de 260 soles mensuales puede costear los productos ecológicos y contribuir a salvar al planeta para no ser tildados de inconscientes egoístas, ignorantes, contaminadores.

Somos muy ambientalistas en una hora sin luces mientras las centrales eléctricas que contaminan siguen funcionando “por si las volvemos a prender”. ¿Entonces dónde está el chiste si en realidad no estamos evitando la contaminación?

Estamos comprometidos con el futuro de la humanidad alabando estas iniciativas de las empresas transnacionales pero demonizando la lucha social por el agua en Cajamarca, Espinar, Cañariaco, etc. Porque la minería es primero y no nos importa que contaminen llevándose el íntegro de nuestras riquezas, con tal de que nos dejen algún dinerillo con el cual comprar productos ecológicos y así reparar ese daño IRREPARABLE.

Defender la naturaleza y pensar en el futuro, escapa de los márgenes del capitalismo, por no ser un modelo sostenible, porque sus prioridades económicas excluyen el respeto al medio ambiente y pisotean la cultura de los pueblos originarios para extraer recursos naturales en nombre del “desarrollo”, ese desarrollo inconsecuente que ha depredado la tierra. Un verdadero cambio requiere más tiempo, más compromiso, desarrollar criterio y más discusión.

Defender la vida es luchar contra nuestros vicios, miedos, defectos y en especial contra la apatía. Construir espacios de convicción con consecuencia, de sinceridad en la ayuda, de honestidad en nuestras razones, desterrando la moda en nuestro accionar y sobre todo: Siendo sensibles confrontando a quienes hacen de la sensibilidad un negocio y un lavado mental. Ser sensibles de verdad por más de una hora, más de un día, toda una vida y sin que nadie nos lo obligue.

¿La hora del planeta?
No. Es la hora de entender que luchar por el planeta implica confrontar a quienes lucran con la contaminación y la explotación.
Que no sea una hora para limpiar conciencias, es hora de despertarlas.


Erick Salcedo